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“Tu futuro esposo esta muy lejos. Se llama Andrés y es un extranjero”

Quiero contar una de mis historias de amor. Soy asiática y tengo un novio latinoamericano. Él vive muy lejos, pero sé que algún día estaremos juntos… No hablo muy bien en español, pero usted podrá entender.

Mi historia del amor comenzó en 2010. Era estudiante de una escuela, tenía 17 años, siempre cuando terminaba mis clases iba en trabajo a mi mamá y después del trabajo mamá y yo regresábamos a casa. Un día, cuando mi mamá terminó su trabajo regresábamos juntas a casa y en la calle gritaba una gitana en alta voz “Puedo decir su futuro”. Yo dije a mi mamá que quería saber mi futuro. Mamá me dijo que los gitanos son mentirosos y ella me podría mentir. Yo quería saber mi futuro, pero mi mamá no me dejo y por eso no dije nada y regresé.

Otro día me voy de la escuela y me voy por este camino donde ayer estaba una gitana, pero nadie estaba allá. Por eso dije que ella fue mentirosa y mi mama me dijo que era verdad. Dejé ese lugar y unos minutos después escucho gritar. Unas personas me dijeron que espalda una persona me grita. Yo miré mi espalda y vi la gitana que estaba fue ayer en calle y gritaba. Ella me dijo en ruso: “Sabía que regresarías”. Yo le dije “¿Ayer usted gritaba que podría decir el futuro?” Ella me dijo que si y yo dije que quería saber mi futuro. Tomó mi mano y me dijo eso “Tu futuro esposo esta muy lejos, ¡tu no le conoces! En su país cuando hay noche aquí es el día. Se llama Andrés y es un extranjero”.

Yo reí mucho y dije así: “Señora aquí no hay extranjeros, mas que raro nombre tiene”.

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Bueno. Me da igual si la publican o no. Yo solo quiero que sepan que tengo una historia, un vacío por dentro, algo que quiero quitarme de encima.

Quiero que aprendan a no confiar en las personas, aprender a conocerlas de verdad.

Cuando yo tenía 9 años vivía con mi abuela, ella era la única persona que me hacia de verdad feliz. Era la mejor persona del mundo le decían (Chuichita).

Ella se fue de mi vida (murió) cuando yo iba a cumplir 10 años. Fue el peor cumpleaños que pase en mi vida. Mis padres habían comprando una casa en un barrio, era un barrio muy extraño para mi.

Conocí a personas que me arrepiento de haberlas conocido. Son personas malas que solo les gusta verte mal.

Yo conocí una niña llamada Cati, me cayó bien en el momento. Con el tiempo fuimos siendo amigas. Ella tenia un hermano llamado Maicol. Era un niño (es) muy insoportable. Es una persona mala, egoísta, estúpida. Es una mierda de persona.

Después de haber conocido a Cati y a Maicol conocí a un niño llamado Matías. Me cayó bien, nos hicimos muy amigos. Él hizo que me hiciera amiga del barrio entero, hasta que un día estábamos jugado a las escondidas con el y el primo Guillermo. El “Matías” me llevo a esconderme con él y de boba e inmadura fui.

El me llevo a una habitación donde me dijo que me amaba y que quería hacer cosas conmigo. Yo le dije que quería ser solo su amiga, que no me gustaba. El me agarro y me apretó, me pegaba. Yo le dije que me soltara.

Pero él no me soltó, él me hizo cosas que no quería, que no conocía.

Este es mi mayor secreto, algo que ni mis padres saben. Yo dejé de ser la amiga de el por lo que me había hecho.

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Lo conocí cuando tenía 20 años, cuando no sabía de amores ni ilusiones, cuando no me conocía ni a mí mismo.

Por razones laborales viaje a una ciudad desconocida. Una pequeña ciudad, pero mágica, calurosa, de calles amplias y tranquilas, de pocas luces, con un hermoso puerto donde llegaban buques. En aquel entonces no tenía inconvenientes para coquetear con quien me fuera posible, solo coquetear claro está, siempre he sido un calienta huevos como dicen acá en Colombia. (Es la persona que coquetea que molesta y que al final no sale con nada, ese era yo)..

Lo conocí en aquellos días. Me lo presentó un conocido. No era mi amigo, apenas habíamos entablado conversación un par de días atrás. Entramos a su apartamento y el muchacho estaba acostado semidesnudo por el calor, aún no olvido sus bóxer color naranja con un tribal. Sin embargo aquel muchacho se achanto al tener visita y encontrarse en aquellas fachas, por decirlo así, aunque ante mis ojos era un Apolo, perfecto desprotegido. Aquel chico no hablo mucho así que me terminé aburriendo. Con un hasta luego regrese a mi casa, pero en mi mente quedo la imagen de aquel chico que ni su nombre recordaba.

Pasaron dos días, y estando en mi trabajo recibí una llamada, y ¡oh, sorpresa! Era aquel muchacho, el los bóxer naranja, quedó frío, pero emocionado. Era el mismo que me habían presentado y me había dejado como idiota.

Hablamos por teléfono y me comento que tenía ganas de conocerme que no tenía casi amigos, además que vivíamos a una cuadra. No era difícil, yo vivía solo.

Hablamos durante mucho rato y quedamos de vernos en mi día de descanso. Queríamos hablar en plan de amigos, hablar solamente, eso habíamos aclarado por teléfono. Llegó el día de la cita, le di las indicaciones y llegó donde yo tenía una apartamento rentado.

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