mujer de mi vida

Conseguí a la mujer de mi vida

Cuál sería mi mayor suerte, si no tener a mi lado al amor de mi vida. Cuál sería mi mayor suerte, si no tener la posibilidad de crecer y de hacerme mayor a su lado. Cuál sería mi mayor suerte, si no poder contar nuestra historia:

Justo empezaba el verano de 2012. Como cada año, mi familia y yo pasamos el agosto en unos apartamentos de Tarragona, junto a mi mejor amigo y su familia. Habitualmente, mi amigo y yo pasábamos los días de verano montando en bicicleta y disfrutando de la piscina y la playa. Todo funcionaba como solía funcionar, hasta que un día, como si los planetas, las estrellas y las constelaciones se alinearan a mi favor, la encontré. Estaba junto a una amiga en el lado más inusual de la piscina. No me preocupé acerca de qué estaban hablando, pero sugerí a mi amigo que fuéramos a hablar con ellas.

Todo ocurrió muy rápido, y pronto aquellas chicas y nosotros nos hicimos amigos. Por aquél entonces, yo era un despreocupado melenas de 16 años, amante de la música clásica y de los videojuegos. Ella, una niña de 12 años, la más bella, adorable e inocente niña. Aquél año, algo en mi interior surgió, algo nació de entre mis entrañas, aunque ni yo mismo lo supiera. Pasó un año entero, hasta el siguiente verano. Tardé aproximadamente 2 minutos en enamorarme de aquella chica de 13 años. La vi llegar a la piscina, con la pelota para jugar a palas en la mano, con aquella sonrisa en la mirada y aquellos profundos labios rosados.

Aquél verano fue maravilloso. Realmente, no sucedió nada entre nosotros, simplemente hablamos, algo que en nuestros tiempos se está perdiendo. Hablar, hablamos de todo. No pude hacer nada más que enamorarme profundamente de aquella mujer. No obstante, había un problema: la edad frenaba su decisión. Durante seis meses, crecí a su lado, crecí como poeta, como compositor, como pianista, como músico, como persona, como humano. Crecí como jamás con nadie he crecido, hubo algo en aquella chica que me llegó hasta lo más profundo de mi ser, hasta la esencia de mi existencia, me dio una razón para vivir. Sin embargo, nuestra amistad nunca llegó a más, no pude atravesar la impenetrable barrera de su inseguridad, y no hubo más remedio que distanciarnos. Si algo puede parecerse a morir, aquél instante, el instante en que se rompió nuestra relación lo fue.

Sin embargo, y contra todos mis pensamientos, pude seguir adelante. Conocí a una chica de clase y me enamoré de ella. Pero desde el primer instante, no fue lo mismo. Supe desde el primer momento que aquella chica me gustaba, pero supe también desde el primer momento que ella no era mi chica… no era mi amor. Aún así seguí con ella, porque la quería. Pasaron 3 meses, hasta que llegó de nuevo el verano, el verano de 2014.

Algo en mi interior reconoció de nuevo aquellos sentimientos al verla, volvió a sentir las mismas mariposas al mirarla, volvió a vivir como la primera vez. Aún así, me autoengañé para abordar lo que no quería soportar: enamorarme de nuevo del amor de mi vida.

Llegaba el día de mi cumpleaños, y me prepararon una fiesta sorpresa todos mis amigos de los apartamentos de Tarragona, incluido ella. Aquél día, llevó un vestido blanco radiante, fabuloso, que lucía espectacular contrastando con su moreno de piel. Se acordaba de todo. Se acordaba de cada momento que pasamos juntos, de cada sonrisa, de cada palabra. Se acordaba de absolutamente todo. Y yo me acordé de algo también: me acordé de el amor. Me acordé de las mariposas en el estómago, me acordé de la inspiración, me acordé de sus ojos, me acordé de su sonrisa, me acorde de su pelo, de su piel; me acordé de ella.

Durante los siguientes días, mi confusión me consumió, pero los planetas, las estrellas y las constelaciones volvieron a alinearse a mi favor. Conseguí el valor para dejar a mi novia y poder llenar de nuevo mi corazón y mi alma, con la mujer más perfecta que la naturaleza puede dar, con la mujer de mi vida.

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