El verdadero amor no tiene límites

Mi historia empieza desde hace más de 3 años. Yo había salido de la secundaria, tenía 15 años recién cumplidos y había pasado por una situación familiar que a nadie le deseo. Por la situación familiar que había acontecido, mis planes de entrar al bachillerato que quería habían cambiado y por seguridad mis padres me inscribieron a otro bachillerato. Para mi suerte, una amiga estaba estudiando allí también, así que no sentí tanto miedo.

Ya habían pasado dos semanas desde que iniciaron las clases y yo había entrado como la chica más nueva. Un día después de una semana de haber entrado empecé a escuchar que había unos hermanos nuevos de otro país. No le tomé importancia a la noticia porque no soy de las chavas que se inclinan mucho sobre lo que la multitud quiere. A la hora de salida una amiga me contó que habían entrado dos hermanos que eran griegos, una niña de 13 años y su hermano de 15 años, que había entrado en el salón de junto. Bajé las escaleras y vi a un chavo de cabello un poco largo, color negro, de tez blanca y una nariz muy peculiar (el perfil griego). No le tomé mucha importancia porque estaba platicando.

Al otro día la misma amiga me llevó a la cafetería de la escuela y ahí estaba él. Me lo presentó como cualquier persona presenta a un conocido, su nombre es Lefteris. Yo me saqué de onda cuando me dijo su nombre completo, menos cuando me dijo su ultimo apellido que era mexicano. Sí, mexicano. Era de madre mexicana y padre griego. Toda su vida había vivido en Grecia pero venía de vacaciones a visitar a su familia mexicana. Pasaron los días y yo me notaba indiferente, casi no lo saludaba. No niego que se me hacía muy guapo y había muchas chavas que andaban de tras de él.

Un día estando en la cafetería esperando a una amiga me habló y desde ahí empezamos una pequeña amistad. Todos los días me hablaba mucho y nos pasábamos los recesos juntos. Así estuvimos como un mes hasta que se me declaró bajo la lluvia. La verdad, él no tenía ese plan, pero las cosas se dieron así y pues yo ilusionada acepté. Cada día que pasaba junto a él era muy bonito para mí. Nos veíamos en la escuela y hasta iba al trabajo de mi papá a verme. Al principio le dije a mi papi que éramos amigos porque mi papi es un poco tradicional.

Así estuvimos durante once meses, los cuales fueron gloria para mí. Había conocido a mi primer amor y era un chavo muy lindo, sencillo, guapo, tierno y todo lo que una chava pide como verdadero amor. La verdad en ocasiones discutíamos mucho, pero siempre lo solucionábamos con besos y disculpas sinceras. Nuestro amor era muy limpio y lleno de detalles que me hacían quererlo más. Debido a que era de padre griego y madre mexicana habla español y griego, pero a veces tenía muchos errores de comunicación, errores que me hacían enamorarme más.

Y los once meses pasaron muy rápidos y el tenía que regresar a su país, ya que solo se había quedado un año porque sus abuelos estaban enfermos. La despedida fue muy triste, lloramos y decidimos que teníamos que seguir a distancia porque nos amamos mucho. Nos prometimos muchas cosas y quedamos en que yo viajaría a Grecia y el vendría a México para no terminar con lo nuestro. Los primeros seis meses fueron hermosos, con llamadas casi diarias de él hacía mi y de mí hacía él. En ocasiones corría del colegio para mi casa (ya que acordábamos hora, por la diferencia de horario) para esperar su llamada o verlo conectado al Messenger o Skype. Todos decían que era una locura, ya que yo lo respetaba mucho y creía ciegamente en que nos volveríamos a ver.

Y así pasó justamente año y medio con problemas, llamadas, desvelos, promesas, ilusiones, depresiones, tristezas. Pero las llamadas se hacían menos, él me decía que era porque su escuela lo presionaba mucho y yo harta de esa situación y de esperarlo tanto tiempo decidí no creerle y conocer a alguien más. Me dolió mucho terminar con él y conocí a otro chavo con el que me la pasaba bien, pero no dejaba de pensar en él. En ocasiones le marcaba, pero me contestaba indiferente y a mí me dolía mucho eso y como nos hablábamos.

El día de mi cumpleaños me marcó para felicitarme y desearme lo mejor, unos días después me enteré que él ya tenía novia. Eso me dolió demasiado y me deprimí, pero en ese tiempo su mamá estaba aquí en México y la vi para saludarla y ese mismo día me dijo que Lefteris había sufrido un accidente automovilístico muy feo. Era un milagro que siguiera con vida. Yo, desesperada, le marqué y en todas las vacaciones me la pasé marcándole todos los días para ver cómo estaba.

Pasó como un mes para que él volviera a hablarme con buena forma, yo le seguía llamando y de la nada el me marcó. Empezamos a ser amigos como antes y ambos nos declaramos que seguíamos amándonos y no podíamos ser felices con alguien más. Como él está estudiando marina mercante en Grecia decidió venir a verme en diciembre porque se embarcará en febrero durante seis meses, nos vimos y fue como volver a sentir mariposas en el estomago. Hablamos y me dijo que le había dolido que yo no le creyera por lo que estaba pasando, él me propuso matrimonio y el próximo año nos casaremos. Me iré a vivir a Grecia y estudiaré allá. Estoy muy chica ya que apenas cumpliré 19 años, pero desde los más de dos años que no lo vi y no deje de pensar en él, me dicen mucho que el amor soporta la distancia siempre y cuando no lo forjes y aceptes lo que está deparado para ti.

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