amor y destino

En el lugar de siempre

Pasabas horas eternamente aburrido, sin nada que hacer ni deshacer. Televisión en las tardes y computadora en las noches. Su padre no aguanto más, bueno esta vez ya lo dijo en serio, -ve a vender en mi puesto-. En una esquina entre la avenida principal y una calle, su padre vendía dulces artesanales. Tendría que estar allí toda la tarde vendiendo hasta que su padre lo viniera a recoger en la noche. No había otro remedio, tuvo que ir un día de invierno. Se acomodó en un asiento y acurrucándose los brazos, esperar la clientela. Las horas pasaban, el chico estaba igual como en casa, aburrido. Empezó a leer el periódico que su padre compro, leyó y de fondo escuchaba la bulla de los autobuses y autos.

Un grito agudo cautivo su atención, alguien venia cerca de él, levanto la vista y era un niño que había cruzado la avenida, pero eso no le llamo la atención, eso no era lo que cautivo su mirar y asombro. Una adolescente, traía una boina en la cabeza, la muchacha lo deslumbro con su esbeltez y claridad, con ese semblante parecía no dar interés a lo que sucedía a su alrededor y siguió caminando. Pasó por el costado de su nuevo admirador y ella siguió caminado sin prestarle atención. El la vio dirigirse a otra calle y desapareció de su vista. Anómalo interés sentía en su interior, como saber de dónde provenía y adonde iría. Se propuso volver mañana, pero se acordó del colegio, entonces el otro fin de semana, ojala la vuelva a ver se presintió.

El muchacho no volvió más, su padre dejó ese negocio y se dedicó en otro. Nostálgico cuando recordaba lo de aquella vez, él decidió vivir normal. Nunca imaginaria lo que pronto le sucedería en la noche de ese eterno sábado. Volvía el a su casa después de unos entrenamientos en el parque, llegó a su cuadra y le faltaban metros para llegar. El destino quiso que esos metros fueran mágicos, desde una casa vecina, salió la silueta de una muchacha con un niño pequeño tambaleándose al caminar. A medida que él se acercaba, la silueta se dio vuelta y el encuentro de dos rostros con la mirada sorprendida y a la vez algo avergonzada. No lo podía creer, la muchacha aplicó algo de indiferencia intencional y se adentró de nuevo a la casa, el chico paso con la mirada pasmada al frente, solo quería entrar a su casa, deseaba explotar, no podía aguantar la emoción, esto no le parecía real.

En su cuarto reventaba chispas euforia; su actitud, su carácter, su comportamiento y trato cambiaron sorprendiendo a sus familiares, -está al frente, ella esta allí al frente, Dios no puedo creer tenerla tan cerca- pensó. Se sintió apenado porque ella lo había visto así de sucio y sudoroso que andaba, un baño y un cambio de ropa inmediatamente lo arreglaría todo, se propuso.

Después de cenar, con la excusa de ir a comprar a la tienda, tímidamente salió a la calle, vio a aquella casa, noto que la puerta principal estaba abierta y que de su interior se escuchaba música, se detuvo un rato disimulando esperar. Camino levemente hacia la acera de enfrente y se sentó en ella. Los ánimos lo estallaban por dentro. Recordó una frase que ese momento le cayó como agua fría: “Nunca mendigues por un poco de amor, el amor viene a ti solito y si no quiere, no lo esperes”.

Reaccionó de momento y volteó a ver de nuevo aquella casa. Luna en el cielo y Sol en el horizonte, ella estaba allí, quieta con la mano derecha en la barbilla, disimulando ver hacia un lado contrario. Al muchacho se le estremeció el cuerpo, sus pensamientos casi lo decía al aire, ella debió verlo porque se acercó justamente a él.

– Hola… ¿Sabes dónde hay una bodega por aquí cerca?

El chico levanto la brazo como una flecha y señaló hacia su izquierda

– Por allá hay

Ella lo miró con vacilación, una pregunta más quizá pueda dar el veredicto final.

– ¿Tú vives aquí?

El muchacho respondió que si gestualmente y luego dijo

-Allí en la casa azul, y ¿tú vives en esa casa?.

La muchacha rió suavemente, él se contagió de esa sonrisa, ella le respondió.

– Tu sabes donde vivo.

El muchacho no cabía en su sorpresa antes de hacerle una cuestión, ella agregó

– He venido a visitar a mi abuela, y estoy a punto de irme, espero que nos volvamos a encontrar cuando venga, chao.
Ella se empezó a alejar de él, entonces decidió preguntar su nombre, ella voltio a verlo y le dijo

– Mi nombre es Juliette y ¿tu?

El muchacho respondió apurado

– Lisandro ¿dime cuando vienes?

Ella se puso pensativa por unos segundos, después de eso dio una respuesta -mañana vendré, estaré aquí toda la tarde, chao Lisandro- el muy feliz respondió –hasta luego Juliette-.En ese momento salió su familia y subieron a un auto, se marcharon y el sintió como sin un pedazo de su cuerpo había sido quitado al vuelo.

No durmió aquella noche, caprichosamente se despertó minutos antes de las once de la mañana. Se sorprendió por ese terrible actuar, que le diría su padre ahora. Se lavó y cambio, se dirigió al comedor y solo su madre estaba en la cocina. Pregunto por su padre, no estaba, sus hermanos, estaban en la calle jugando, tomo desayuno y decidió salir a la calle. Cuál sería su sorpresa que Juliette estaba en sentada en la baranda de aquella casa, no se pasaron por alto y con un suave hola salió de cada uno de sus labios, Lisandro esbozaba una sonrisa tremenda en el rostro, se acercó a ella, le comento que pensaba que vendría más tarde, ella se rió y dijo que su madre había decidido venir a esta hora, entonces el pensó que se iría temprano.

Motivado, empezó a hablarle cosas espontáneas, cosas que a veces agregaba con algunos chistes y bromas, los dos se quedaron compartiendo pensamientos, había ratos donde se separaban para algunas ocupaciones pero siempre regresaban a verse en el lugar donde se hablaron la primera vez: la acera de la calle.

Casi al crepúsculo algunos chicos propusieron jugar voleibol, armaron una cancha improvisada en la calle y ellos juntos empezaron también a divertirse en su dinámica. Luego el la acompaño a ella a la tienda y casi en los momentos finales estaba junto a ella. Amor descubierto, amor en el aire.

Juliette y Lisandro estaban silenciosos en una celda de una escalera. Era el momento del despido, caótico rato, se podía sentir como cada segundo dolía mientras pasaba, Lisandro vio las manos de Juliette apoyadas en su rodilla, las tomó suavemente. Juliette asombrada con la mirada en el suelo, Lisandro ahora toco el hombro de su compañera, y muy levemente dijo –Juliette dime algo o mátame de una vez-.

Juliette con la mirada todavía puesta en el suelo atino a pronunciar suavemente –quiero que estés más tiempo conmigo- Lisandro no lo soporto y en un fuerte abrazo se recibieron ambos.

Dicen que desde ese momento en las madrugadas se ve a dos jóvenes sentados en la acera de aquella calle, y cuando pasas por allí se siente un ambiente sentimental que hasta podría hacerte llorar.

Cuando el amor te encuentra, solito cae rendido a tus pies.

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3 Responses to “En el lugar de siempre”

  1. Me gusto esta historia, esta muy bonita y me gusto la redacción. Todo muy bien!! 🙂

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