Divorcio

Historia de un divorcio

“Aún me cuesta respirar sin ella a mi lado”

Me llamo Felipe y mi historia trata del desamor, de la separación, del divorcio. Aún me pregunto que hago escribiéndola. Será la noche, será el whisky, será la tristeza que inunda mi corazón. Será que necesito contarla, como se cuentan las cosas a ese taxista que sabes que no volverás a ver. Será eso. Eso debe ser.

Llevábamos catorce años de casados. Ya que no hay dos personas iguales, cada uno es de su padre y de su madre, teníamos nuestra desavenencias puntuales, pero siempre sabíamos arreglarlas, con respeto y comunicación. Sí, a veces también con glorioso sexo.

Nos fuimos de vacaciones en Mayo a Nueva York. Queríamos ver Mahattan, desayunar en Tiffanys como Audrey Hepburn: Desayuno con diamantes. En definitiva, pasar un día de cine en la ciudad.

Una calurosa tarde, después de hacer el amor, mi querida mujer me dijo que no me quería, que me quería dejar, que en el anterior viaje de trabajo (estuve cuatro días fuera) se había dado cuenta que no me echaba de menos. Yo creía que estaba de broma. Hablamos, nos reímos y continuó el espléndido viaje.

Dos días después de llegar a casa, una tarde terminado el trabajo, me encuentro a su abogado en mi comedor serio, con ella, esperándome para emprezar con los papeles del divorcio. Traumático. Desolador. Doloroso. Triste. Amargo.

Ya han pasado casi tres meses y aún no entiendo que pudo pasar, ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? (En los papeles del divorcio se me ha acusado de inmaduro y egoísta). Lo cierto es que creo que va a ser imposible olvidarla.

Mientras tanto, la noche me envuelve. Como cantó Neruda es tan corto el amor, pero es tan largo el olvido.

Fundido en negro. The end. El final. Aún me cuesta respirar sin ella a mi lado.

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