Un beso robado
No sé si realmente les parecerá interesante o sientan lo que yo sentí en ese momento, pero vivir esto de no saber si te gusta, de no saber si le gustas… Confusiones de adolescente y de traiciones que te lastiman a ti mismo también es muy fuerte. De verdad que es fuerte…
Todo empezó a los doce años. Era muy pequeña, pero el amor siempre había estado en mi rutina. Toda la vida me había enamorado, pero esta vez fue fuerte, porque me enamoré de unos de mis mejores amigos. No me acuerdo como sucedió, ni creo haberlo sabido, pero yo estaba completamente confundida. Y, sí, adivinaron. Como toda típica historia de amor cuáticas que hay en la tele, él tenía novia. No saben lo que fue para mí ver todos los días como se besaban, como se abrazaban diciéndose que se aman y yo, como la amiga, sólo la amiga, la que hace un tiempo le había estado ayudando a estar con su actual novia. No lo puedo creer.
Pero más tonta fui después, cuando un día me decidí y le di un beso. Fue tan mágico…
No creo que él haya sentido lo que yo. Pero comprobé que de verdad me gustaba. El error ahí fue que no le pregunté, no le consulté, solo lo di, terminando así con nuestra amistad para siempre.
Fue fuerte vivir esto. Esos llantos y risas que pasamos juntos destruidos por querer saber si me gusta o no. Pero bueno, ahora vivo feliz
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Una simple y triste historia de amor
Esta es la historia de dos personas que como tantas se refugian de sus soledades tras las comunicaciones en Internet.
Sea por lo que sea, ese día estaba marcado para que se cruzaran entre tanta gente y tanto mensaje virtual.
Pero, antes de empezar con la historia, en sí les contare quienes son estos protagonistas tan peculiares.
El un hombre de 40 años, españolisimo, triunfador con esfuerzo, atlético, soñador, un poco loco, escalador y paracaidista, con una familia amorosa y muy particular, donde mamo los principios de la libertad y la búsqueda de las respuestas.
Emocionalmente con soledades y desaciertos, amores inconclusos y frustrantes.
Pero que va por la vida compensando sus soledades con locuras de adrenalina y escapismos constantes.
Ha vivido y conocido el mundo, pero no el amor, ha conquistado las simas mas altas pero no ha podido tocar el cielo con las manos al lado de una mujer.
Ella, mujer, 42 años, vive en Uruguay, con cuerpo pequeño con piel de blanca nieve, con ojos de mirada profunda
El fracaso en el constante de su vida, una sonrisa con mezcla de nostalgia, luchadora aunque nunca llega a sus metas, llena de historias de abandonos y carencias, sin familia y con hijo, muy idealista y lírica, tiene el don de la palabra y hace que quien la escuche tenga la sensación de que hay mas que palabras en una oración. También se ha escapado varias veces, un torbellino de sentimientos, soledades todas en su vida nunca ha logrado
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El renacer
Hacía varios meses ya que Javier se había separado de Marta, pero aún no había sido capaz de asumirlo. Era una relación gastada, consumida, evaporada… Los dos lo sabían y los dos estuvieron de acuerdo en acabar con ella. Pero, aun así, en la vida le faltaba algo.
En esto estaba, bastante perdido en la vida, cuando llegó el encargo del trabajo. “Hay que montar una feria en Nueva Delhi y te tienes que ir dos semanas”. No había muchas ganas, la verdad, pero había que hacerlo. Cogió el avión con cierta pereza, pero también con la ilusión de airearse un poco en el tiempo libre que le dejara el trabajo.
Nueva Delhi le recibió con la neblina característica de la contaminación, las calles abarrotadas de coches y ricksaws, el insistente ruido de las bocinas retumbando en los oídos y la insistencia de los vendedores ambulantes. Llegó al hotel y se reunió con otros expositores. Gente nueva a la que no conocía de nada, pero con la que tendría que trabajar muy duro en los días siguientes. Le sentaron frente a Irene, una mujer que no le llamó la atención a primera vista, pero que acabó revelándose como una gran conversadora, ingeniosa, inteligente y llena de vida.
Pasaron dos días de trabajo y Javier se dio cuenta de que se había enamorado de Irene. Era perfecto. La quería y se sentía querido. Buscaba el menor contacto físico sin ser rechazado, se ilusionaba cada vez que ella recordaba algún detalle de
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Tienes seis paradas para conquistarla
Sí, lo sé, aún no me creo ni yo lo que me pasó ayer, pero es cierto que pasó. No salió bien, pero me la jugué. Vi la oportunidad. De esas que salen pocas veces en la vida. Y me decidí a aprovecharla. Nunca lo había hecho antes. Yo era de los que miraban con asco cuando alguien se ponía pesado con una tia en el metro o en el autobús, pero esta vez me tocó a mí y no me siento mal por ello. Sucedió así.
Había estado con unos amigos en un barrio nuevo. Habían quedado por allí con alguien que no apareció y nos quedamos por el barrio tomando unas cervezas. Pocas, en mi caso una antes de que el muermo del sitio y los pocos ánimos me hicieran volverme a casa sin esperar a nadie.
Me perdí de camino a la parada del autobús nocturno y, ni yo sé cómo, acabé en la parada de otra línea que me podía dejar cerca cambiando a otro autobús en el camino. No estaba yo como para seguir explorando Madrid a las 3 de la mañana. Así que acabé en una parada de un barrio tan pijo como vacío aterido de frío en plena madrugada de noviembre.
De repente, ni siquiera yo sé de donde, se me acerca una chiquilla. Un encanto de niña, pequeña, con la piel blanca, no debía tener más de 22 ó 23 añitos. Se para en los paneles de las líneas y me pregunta
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35 minutos
Mi historia es algo tonta pero ahí les va. vivo en Costa Rica y dio inicio hace más de 3 años. una de mis amigas con la que llevo tanta amistad que ni sabía que tenía un hermano mayor me presento a este muchacho y de inmediato me atrajo demasiado. la verdad es que el es muy tímido y es casi imposible entablar una conversación con el. nos gustábamos, pero ningunos nos atrevíamos a hablar.
Mi grupo de amigos acostumbramos a comprar una botella de vino y pasar un rato juntos, ese día tuve que salir y no había quien la comprara así que llame al celular de mi amiga y le dije que me dejara hablar con el a ver si me hacia el favor y a duras penas me dijo que si, pero con la condición de que fuera a dar una vuelta con el; como comprenderán para mi fue una sorpresa pero, en fin, acepté y la verdad no me arrepiento.
lo divertido de la historia es que 2 de mis amigas esa noche se quedaban en mi casa ellas se fueron, subieron las gradas y nosotros nos quedamos en frente de la casa cruzando la calle. eran mas o menos las 11:00 pm, el se acerco y me dijo que si podía darme un abrazo a lo que sin pensarlo acepte, mientras me acercaba mas a el me acaricio el rostro y me besó.
inmediatamente se oyeron unas risas muy cerca y adivinen quien era… mis dos
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Cómo enamorarse en un aeropuerto
Lo que me sucedió en el aeropuerto de la T4 de Madrid:
A ver como empiezo esto.
Desde que me subí al avión, pensé en que lo primero que tenia que hacer al llegar a casa era escribirlo.
Acabo de llegar ahora mismo. La historia que te voy a contar suena a comedia/drama romántica americano. Pero es completamente cierta y me sucedió.
El día que reservé los billetes de avión, escogí el martes 6 para la ida a Madrid y el miércoles 14 para la vuelta. Curiosamente “algo” impidió que yo reservara los billetes para la vuelta el día 14, así que tuve que volver el martes 13.
¿Creéis en el destino?
Pues hoy, martes hace un rato, (aunque ahora ya es miércoles) mis tíos me acompañaron hasta el aeropuerto, pero no en coche, sino que yo, como tengo que ir a Londres sola, tenia que “guiarlos” hasta el aeropuerto. Era una especie de entrenamiento para lo que se avecinaba.
Llegué sobre las 8 al aeropuerto y mi avión salía a las 9:30. Tenia 1 hora y media para aburrirme todo lo que quisiera.
Así que me lleve 3 revistas para leer. Dos de Vogue y una de Telva. Estuve media hora dando vueltas por el aeropuerto, y como en mi zona de embarque había mucha gente, yo me fui a otra parte donde apenas tenía personas a mi alrededor.
Llevaba puesto un vestido/camiseta gris con la bandera de EE.UU., un sombrero borsalino de rafia y unas sandalias romanas. Estaba
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Con un amigo del club
Mi historia es con un amigo del club. Cuando yo entré a hacer deporte (en el 2005) fue al primer chico que mire de ahí. Pero yo no me llevaba con su grupo de amigos, y a él nunca le había hablado así que al tiempo se me pasó.
Dos años después pasamos a formar parte del mismo grupo de amigos. Y yo me hice muy amiga de él. Pero ya no me gustaba más. Desde hace dos años hasta el año pasado (o sea, en el periodo del año 2007) estuve con dos chicos de ese grupo de amigos- en realidad no eran de nuestro grupo, pero de vez en cuando salían con todos nosotros. Antes de que yo hubiera estado con el segundo de uno de esos dos chicos, en un cumple años en que habíamos estado toda la noche juntos me había dicho que si me daría un beso. Pero a mí el no me gustaba, era mi amigo. De hecho me trancé al segundo chico, que les conté antes, una semana después de ese cumpleaños, pero eso sólo duro una semana. A decir verdad nunca me gusta mucho tiempo el mismo chico. Soy de aburrirme muy rápido.
En febrero de este año (2008) volví de vacaciones, lo vi en el cumple de una amiga dos días después. Al otro día salimos juntos y solos. Pero como amigos, asique no paso nada… solo que él se me puso muy cerca, pero no se me tiro. Eso fue
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Una mala pasada del destino
Un día, Nano y yo, decidimos jugar a ser novios por un mes.
Nano: Estoy cansado, ¿quieres tomar algo? Voy a ir a comprar.
Yo: Agua, por favor.
Nano: Espera aquí.
Minutos después, un desconocido se me acerca.
Desconocido: ¿Conoces a Nano?
Yo: Sí, ¿por qué?
Desconocido: Es que un conductor ebrio lo atropelló y está en el hopital.
11:57 pm. El doctor sale del cuarto de emergencias y me muestra a mí un agua y una carta.
Doctor: Lo encontramos en su bolsillo.
Yo leo la carta y dice: “Estos últimos días me he dado cuenta que me estoy enamorando de ti, y antes de que el juego termine, quiero que seas mi novia por siempre. Te amo, Samantha”
Yo rompo el papel y grito: ¡No te puedes morir, yo te amo! ¡No puedes hacerme esto!
El reloj dio las 12:00 y el cuerpo de Nano dejó de funcionar. Era el día 30.
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