La mejor época de mi vida

A modo de explicar el porqué de este relato, anticiparé que tenía una novia a la que amaba mucho.

Como todas las parejas, nuestro romance tenía altibajos. En uno de ellos decidimos dejar de vernos por algún tiempo, con la idea de probarnos. Acordamos que estaríamos totalmente libres para conocer a otras personas e incluso empezar una relación, pero con el compromiso de que al terminar la pausa, nos reuniríamos para decidir si aún sentíamos el mismo amor o ahí se acababa todo, sin rencores.

Nos despedimos un poco tristes por el riesgo que suponía para nuestra relación, pero… antes de 15 días acudí a una fiesta de cumpleaños de un compañero y me presentaron a Salud, una mujercita menuda, delgadita, muy simpática, que se desempeñaba como educadora de un Jardín de niños y sin realmente proponérmelo, me encontré saliendo con ella a bailar, al cine, a comer fresas con crema en un lugar a la salida a Patzcuaro que le llamaban La Quemada y nos hicimos novios.

Era bienvenida en la casa de estudiantes donde vivía, ocurrente, vivaracha, sabía ser muy agradable sin abandonar su posición de señorita educada, sólo me apenaba un poquito que yo nunca tenía dinero suficiente para salir, sin embargo bailaba con mucha gracia y me ayudaba a estudiar con mucho entusiasmo, era una compañera excelente.

Mis amigos me envidiaban pero yo no podía olvidarme de María. A pesar de sus atenciones, me presentaba a sus amistades con mucho orgullo, vivía por la colonia Industrial y allá iba a verla todas las noches, llegaba a su esquina y silbaba dos veces antes de que se asomara y, después, disfrutábamos de media hora de caricias tiernas, abrazos y besos, pero sin perder la compostura. En más de una ocasión estuvimos a un pelito de rebasar la decencia, pues nuestros juegos a veces nos enardecían, pero supimos contenernos.

El tiempo transcurrió velozmente y se acercó el fin de la pausa con María, solamente nos quedaba un fin de semana, reuní mis escasos recursos económicos y le dije “Mañana te voy a decir algo muy importante para los dos y quiero que pasemos el día juntos, te invito a nadar a la unidad deportiva y más tarde a comer en donde hacen esos caldos de pescado tan ricos, ¿puedes?” Me miró emocionada y me dijo, “Aunque no pudiera, me las arreglo. Nos vemos mañana”, esa noche estuve despierto hasta muy tarde, pensando como le iba a decir que era el final de nuestra relación.

Amaneció y a las nueve de la mañana estaba frente a mi puerta, con ropa deportiva y una pequeña mochila en la que traía su traje de baño, una toalla y algunos cosméticos. Salimos caminando a pesar que la distancia era larga, pero el día era excelente, claro, soleado y a pesar de todo fresco. Al llegar a la esquina se detuvo, me besó y me dijo “no esperes para decirme lo que me adelantaste ayer”. Me remordió la conciencia al verla tan confiada y yo la iba a lastimar. “luego”, le dije, “será hoy, pero por la tarde”. “Pero ¿me lo dirás?” “Por supuesto que sí, debe ser hoy”.

Llegamos a la unidad deportiva correteamos un poco por el pasto y subimos los escalones que nos separaban de la alberca. fue una mañana alegre, chapoteando en su compañía, cerca de las tres de la tarde nos dirigimos al centro de la ciudad hacia el exconvento de San Agustín y llegamos a la pescadería. salía un rico olor a comida, pedimos dos caldos de pescado y comimos muy a gusto, eran realmente exquisitos, preparados al estilo Veracruz. salimos y vagabundeamos por la ciudad mascando chicles y cuando cayó la tarde la invité a un café que recuerdo estaba por el Exconvento de Las Rosas, un ambiente muy tranquilo. tuvimos que esperar a que se desocupara una mesa, hicimos el pedido y empezamos a disfrutar el café. a pesar de que es excitante esa bebida, me relajaba, pues estaba muy nervioso, así que me decidí y le empecé a decir que esos meses habían sido muy bonitos, que ella era una chica muy linda y especial, pero….

Me miró con angustia y me preguntó “¿por qué me estás diciendo esto?” Hice de tripas corazón y le contesté; “Ésta es la última vez que salimos”. Empezó a llorar, le supliqué que no lo hiciera, los clientes nos miraban y me veían con desaprobación, le conté suavecito cual era la razón, pero ella no me escuchaba, ni a mis súplicas de que dejara de llorar, me dijo que ella pensaba que le iba a pedir que se fuera conmigo y que si yo lo quería, en ese mismo momento lo hacía. me partía el corazón verla llorar, pero estaba decidido a volver con María, a la que no había olvidado ni un solo día y menos aún cuando un amigo común me había contado que alguien la había ido a buscar y estuvieron platicando en el lugar donde ella y yo nos sentábamos juntos.

No cedí a las lágrimas de Salud y como último recurso salí un momento a la farmacia y conseguí un calmante, el cual le administré con un té.

Fui a dejarla a su casa y le dije adiós. No volví a saber de ella, mis amigos se ofrecieron de intermediarios para solucionar lo que decían mi equivocación, pero no cambié de parecer. Llegada la fecha, me presenté al lugar de la cita, ansioso por volver a ver a María.

Estuve con una media hora de anticipación esperando a María, temeroso de que no acudiera a la cita, me asaltaban mil dudas. ¿Y si se había enterado de mi aventura con Salud? ¿qué le diría? ¿Y si había cambiado de opinión y no quería seguir conmigo? Fue una media hora eterna, una gama muy amplia de emociones me sacudían, ilusión por volver a verla, temor por lo que me dijera, tristeza profunda de pensar que lo nuestro hubiera terminado.

Por fin, ¡salió mi sol! María apareció sonriente en la Plaza Villalongín. Ya no pensé en nada, más que en abrazarla y besarla con todo mi amor. Me dijo lo mismo que pensé decirle. “Creí que no vendrías”. Paseamos por el bosque Cuauhtémoc, felices de estar juntos una vez más. Cuando al fin nos despedimos, con la promesa de vernos al día siguiente, regresé caminando despacio, me sentía flotar sobre la calle, me llegué al Mercado de Dulces y compré “ates” para saborear aún más mi dicha. Esa noche hubo fiesta en la casa, por otros motivos, pero no participé, preferí quedarme en mi cuarto a soñar con ella. Nada me hacía más feliz.

Son dos historias en una. Amor, desamor. ha pasado mucho tiempo y a la distancia veo que fui un ingrato con Salud, al final, me quedé como el perro de las dos tortas… Sin la una y sin la otra

Fragmento extraído de mi proyecto de libro “Una vida común”, totalmente de mi autoría.

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8 Responses to “La mejor época de mi vida”

  1. andrea fernanda Responder

    pues la verdad que mal que te haya pasado eso pero lo que de verdad deverisa de hacer es comenzar a pensar en ti y en las personas que te rodean por que no es justo que lastimes a alguien solo por un break en tu relacion.
    ademas no es bueno ni para ti ni para otra persona que seas asi ojala aprendas de esta leccion y no lo vuelvas a repetir aprende , valora y ama a las personas que se lo merecen 🙂

  2. Muy interesante la experiencia que te toco vivir, pero como fue al final. no terminaste de contar completo, como asi te quedaste sin Maria???

  3. Ohhh que linda historia!!! espero que algún dia la llegues a publicar =). me gustó mucho!!

  4. jajajaj pues que clase de mujer anda contigo sera de las que se paran en las esquinas por que eso de que slagan cuando les chiflas jajajaaj eres una persona sin valores y singota de educacion y tu libro pueblicalo en esos de vaqueros jajajaj

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