Mi mujer perfecta fue reemplazada por la realidad

Se llamaba Susana. La conocí cuando fuimos niños, ambos estudiantes de una pequeña institución católica en el centro de la ciudad de Querétaro. De chicos siempre la quise, sus ojos me encantaban y sus palabras eran capaces de estremecer las paredes a mi lado. Podrá sonar a mentira, pero puedo decir que gracias a ella, a Susana, conocí el amor a muy temprana edad, siendo solo un niño, ya me sentía un hombre.
Era 1999 o 2000, la verdad no recuerdo bien, o no quiero hacerlo. Me sentía fuerte, galante y por fin atiné a las palabras que habría de decirle. Nada imponente, ni verso de Neruda o línea de Bécquer. Era algo más profundo, pues la amaba y era el amor quien hablaba, no yo. Ese día la miré y lo dije, como escupiendo, entre risas y sonrisas que la amaba, pregunté si notaba como la veía, si notaba, en mis ojos, que yo la quería y que la añoraba.

Días después ella se fue, se marchó a Estados Unidos por su papá. Sólo se fue y se llevó una parte de mí. Para mí ella era la mujer perfecta, inmaculada, la misma que miró Pigmaleón cuando esculpió a Galatea.

Hace un año nos volvimos a ver, fue fugaz. Yo salí a comer al Subway frente de mi universidad y mientras ordenaba mi emparedado, una voz detrás gritó mi nombre. Al voltear era ella, los mismos ojos, no hay manera de confundir esos ojos, me miró, sonrió, sonreí y reímos. No tuve que preguntar por su dirección o pedir su teléfono, ella me lo dio todo, como quien entrega las llaves de su casa a un viejo amigo. Con alegría comenzamos un viaje juntos, una relación que pensé duraría para siempre, pues para mí ella era Galatea.

La historia de amor se terminó. Ella estaba confundida y veía a otro. Me devastó, pensé que no lograría superarlo. ¿Alguna vez te han arrancado el corazón aún latiendo?, ¿has visto llorar hasta a los árboles? Yo sentí eso, lo experimenté todo y sufrí como jamás creí que lo haría, me quemaba el aire, me faltaba el sol y las estrellas me parecían estúpidas. Lloraba a la luz de la luna como aullando, aturdido y desesperado, pues aún la amaba. Se terminó y mi mujer perfecta fue reemplazada por la realidad.

La razón quebró a mi corazón y el esfuerzo de la explicación no llenaba el vacío. No quería saber de ella. Mi cuento de amor se había terminado hace tres meses y no quería verla de nuevo. Ayer llamó y pidió que nos encontráramos, quería decir que no, pero no pude. No recuerdo bien mis palabras, pero cada una de ellas era correspondida por una lágrima que lanzaba un ruido ensordecedor al tocar el suelo. Como puñaladas en el pecho, así sentí las dos palabras con las que se despidió, así sentí su “Te amo”.

Gracias por escucharme, o más bien leerme.

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3 Responses to “Mi mujer perfecta fue reemplazada por la realidad”

  1. sentir el amor es una oportunidad, es palpitar por un instante en la melodía de la vida, es picante en herida. es recuerdo engrandecedor y palabra divina del Creador.. No te lamentes, alegrate por tener la oportuidad de sentir.

  2. esa historia tiene algo de parecido con mi hisatoria, bueno un poko pero que lindo es el amor al inicio ,pero que feo y horrible es el amor cuando termina.

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