Somos felices y nada puede ir mejor

“Estoy escribiendo lo que para mí ha sido el mejor suceso de mi vida”

Mi relato comenzó el año que comencé Primero de Bachillerato (por segunda vez). Yo era el nuevo en la clase. La verdad es que soy muy vergonzoso si no tengo confianza en el ambiente, pero no tengo ningún problema para encontrar amigos. Y así fue. A las cuatro semanas ya conocía a bastante gente y tenía unos cuantos amigos.

Mi historia ronda en torno a una persona, la persona más fantástica, maravillosa y perfecta que he visto nunca. Ella iba a mi nueva clase. Un día decidido a acercarme a ella y, cargado con todo mi nerviosismo, me paré unos instantes para meditar lo que le iba a decir. Entonces fue cuando dos de mis nuevos “amigos” pasaron a mi lado hablando de ella. Intente enterarme de qué hablaban y resulta de que a ambos les “gustaba”.

Al ser el nuevo en el grupo no podía hacer nada, ya que para mí el repetir y cambiar de amigos fue algo duro y no podía permitirme el lujo de crearles problemas, pero tampoco podía dejarla escapar, aunque las posibilidades de que ella se fijase en mí eran remotas. Así que solo pude esperar.

Después de un largo año de espera, ambos no consiguieron nada de nada y yo podría tener la oportunidad de acercarme a ella. Pero seguía existiendo un problema, y es que yo era yo, y ella era ella, tan guapa, lista, dulce.

Finalmente, un día, en el cumpleaños de una amiga que ambos compartíamos, nos miramos y nos sonreímos, salimos de la casa y hablamos juntos y a solas (debo decir que no sé de donde saqué el valor para acercarme a ella). Hablamos de todo un poco y por un momento llegué a pensar que sentía algo por mí y estuve a punto de lanzarme y besar sus preciosos labios, pero no tuve el suficiente valor.

A partir de este día, yo no podía estar más enamorado de ella. Me fijaba en cada paso, movimiento que realizaba y con el menor de los gestos iluminaba mi vida. La observaba caminar por los pasillos y yo no podía quitarle la mirada. Un día yo iba solo por un pasillo y ella paso frente a mí e hizo lo que nunca debió hacer: mirarme directamente a los ojos y regalarme la mejor de sus sonrisas, posiblemente la sonrisa más bonita que he visto hasta la fecha. En ese momento mi corazón se paró y durante los siguientes días mi ansia por hablar con ella aumentaban.

Con el tiempo empezamos a hablar por Internet, ya que debido a mi nerviosismo y a su vergüenza, me resultaba casi imposible situarme delante de ella. La verdad es que con el tiempo yo intentaba que nuestros grupos de amigos quedaran juntos y así estar juntos, o por lo menos cerca, y así es como empezamos a vernos más fuera de clase: en fiestas, cumpleaños o lo que fuera. Eso era lo de menos.

Recuerdo que un día su grupo de amigas y el mío habían quedado para tomar algo. La noche pasaba, llegó el momento en que conseguí reunir todo el valor para poder acercarme a ella. Estaba muerto de miedo y muy nervioso. Me terminé acercando y nos quedamos en silencio un rato. Era demasiado para mí, no sabía ni que decirle, pero según pasaron los minutos mi vergüenza se fue desvaneciendo y comenzamos a hablar. No podía parar de mirarla: su rostro, sus ojos, un nariz, su todo. Estaríamos hablando cerca de una hora, pero se me hizo demasiado corto y al parecer a ella también. Mientras hablábamos, no sé como salió el tema, pero terminamos hablando de las personas que nos gustaban y, aunque no nos lo dijéramos, ambos sabíamos lo que estaba pasando. Nos gustábamos.

Nada podía ir mejor, todo salía a la perfección. Le gustaba a la chica más dulce, mona, bondadosa, honesta y preciosa (en definitiva, la perfección en persona) se estaba enamorando de mi. Y eso no es lo mejor, lo mejor es que yo le gustaba desde el momento en que nos conocimos. Si me hubiera a cercado a hablarle los primeros días que la conocí, todo habría salido bien. ¡La espera había merecido la pena!

Este relato termina con el este último suceso. Ambos habíamos quedado con unos amigos. La tarde transcurrió con normalidad, fuimos a un bar y ambos deseábamos estar juntos. El destino no lo quiso así y nos tuvimos que conformar con miradas furtivas que buscaban los ojos y la sonrisa escondida del otro. A la hora de volver, en la estación de tren, nos alejamos del grupo y conseguimos estar a solas. Nos sentamos en un rincón y hablamos mientras esperábamos al tren. Una vez que llegó ambos nos subimos a un vagón independiente para seguir manteniendo la intimidad. Estuvimos en silencio durante un buen rato, yo me encontraba muy nervioso y mi corazón latía con fuerza, nos encontrábamos muy juntos y poco a poco me acerqué a ella muy lentamente. Cuando estábamos a escasos centímetros, y por fin, después de tanto tiempo iba a poder besar sus labios, el tren nos sacudió con la suficiente fuerza como para separarnos completamente. Extrañada, me susurró que debía ser el destino. Sí, con esta frase me saco una sonrisa y me decidí de nuevo a acercarme a ella. Permanecimos medio abrazamos el uno contra el otro un buen rato y poco a poco fui acercándome de nuevo a sus labios. A escasos milímetros, podía notar su respiración en mi rostro, era un olor penetrante y muy dulce. Con la mayor suavidad del mundo deslicé mis labios sobre los suyos y en un perfecto beso se unieron.

Fue perfecto, todo salió bien. Por fin había dado y había recibido un primer beso salido del corazón (que no todo el mundo puede decir lo mismo). Después de esperar un año y varios meses, mi sueño se hizo realidad, y desde aquel día puedo decir que soy absolutamente feliz al lado de lo que puedo llamar y llamaré durante el resto de mi vida como mi novia.

A día de hoy, a ambos nos va perfectamente juntos. Somos felices, nada puede ir mejor y, la verdad, estoy escribiendo lo que para mi ha sido el mejor suceso de mi vida para que pueda leer lo que sentí en cada momento durante nuestro enamoramiento. Dentro de unos días va a ser nuestro aniversario y espero que esta pequeña sorpresa le guste.

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5 Responses to “Somos felices y nada puede ir mejor”

  1. AzraelRider Responder

    wow, me senti identificado la primer parte, me gusta alguien pero cada ves que quiero hablarle no puedo, y no soy mu social en cuanto a “chicas” se refiere asi que no creo que me pase eso del cumpleaños jeje, espero poder tener el valor algun dia

  2. Grisel Davila Espinosa Responder

    esta hermosisisisisisisima me encanto espero que si pase en la vida real

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